Estructura de poder y reorganización académica en la UPN
Miércoles 26 de Agosto de 2009 08:35

Yuri Jiménez Nájera* 

Modelo académico-político-laboral-institucional

El modelo organizacional universitario original

La Universidad Pedagógica Nacional (UPN) fue fundada por las burocracias educativas (tecnocrática de origen universitario y tradicional de origen normalista, que cohabitan en la Secretaria de Educación Pública) y sindicales (del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación) en 1978, las que se enfrentan durante los años 70s y 80s del siglo XX por diseñarla e imponer su propio proyecto, con el fin de tener el control de la institución en general y del trabajo académico en particular, para a su vez dirigir el proceso de formación y ‘profesionalización’ de los maestros de educación básica en el país.

La UPN nace con una organización académica1 burocrático-autoritaria centralizada en una rectoría nacional designada de “arriba hacia abajo” por la SEP, bajo un modelo de regulación académica híbrido-autoritario,2 el cual ha sufrido un prolongado y conflictivo proceso de transformación, en un contexto de reestructuración del campo de la educación superior nacional, proceso que confluye en la reorganización académica basada en el modelo de calidad total (UPN, 2003) (OIT, 1999) (Jiménez, 2006). En el modelo de regulación híbrido-autoritario originario, caracterizado por su rigidez, se combinan varios modelos universitarios que determinan tanto la división del trabajo y conocimiento académicos, como la distribución del poder universitario:

A) Áreas burocrático-funcionales:3 en la unidad central el trabajo-conocimiento se divide en áreas académico-burocráticas disociadas por función (docencia, investigación y difusión), retomando el modelo universitario tradicional europeo de separación docencia-investigación, funciones divorciadas a su vez de la difusión; el área docente es subdividida matricialmente en academias disciplinarias emulando el modelo de organización departamental de la universidad norteamericana (Clark, 1991: 59, 66-82) , el área de investigación se constituye en una especie de instituto de investigación educativa,

B) Sistema nacional de unidades profesionalizantes: con el sistema de unidades estatales se crea una estructura centralizada de múltiples escuelas profesionalizantes (micro unidades regionales periféricas)4 distribuidas en el país, encargadas de atender maestros de educación básica en servicio, y

C) Modelo burocrático-autoritario: se instituye una estructura de gobierno burocrático-autoritaria (estructura de poder) que regula el trabajo académico, centralizada en una rectoría nacional designada y supervisada por el titular de la SEP (poder burocrático), cuyas atribuciones son extensas: “dictaminación” (selección e incorporación), contratación, promoción, remoción y vigilancia del personal académico; asignación de salarios, áreas de trabajo y funciones de los académicos; definición de programas, normas y formas de organización académicas, distribución del presupuesto y de los recursos materiales y dictar las políticas generales de la institución (Cfr. Poder Ejecutivo, 1978).

De esta manera, la universidad adopta un modelo burocrático autoritario, en cuanto a la estructura de poder y toma de decisiones, y funcional disciplinar-profesionalizante respecto a la división del trabajo-conocimiento5 académicos, que prevalece casi intacta hasta 1992 –año en el que las élites burocráticas gubernamentales (federales, estatales) y sindicales (nacional y estatales) determinan la descentralización-federalización6 de la UPN.

La estructura del trabajo-conocimiento se entrecruza con la estructura de poder, bajo la lógica del modelo híbrido-autoritario en un primer momento, las cuales constituyen a su vez un campo piramidal de relaciones académico-laborales-políticas, en el que se insertan los académicos de la UPN. Este campo académico se subdivide verticalmente en niveles jerárquicos de control y operación (cupulares, intermedios y de base), que constituyen una estructura de poder burocrático-académica, organizada como una forma de control vertical de arriba hacia abajo, colocada sobre la estructura organizativa del trabajo-conocimiento.

En el nivel cupular se ubican las instancias máximas de dirección (SEP, rectoría, secretarías, direcciones de área), las que concentran la capacidad de decisión institucional. Las atribuciones de las burocracias de la SEP y la UPN son amplias legalmente (la rectoría tiene vastas prerrogativas, pero a su vez está subordinada al secretario de educación, quién tiene legalmente la facultad de tomar decisiones internas por encima de la rectoría y del Consejo Académico, por lo que puede hablarse de dos rectorías <estructura diárquica>, una interna y otra externa):7 dictaminación, contratación, promoción, remoción y vigilancia del personal académico; asignación de salarios, áreas de trabajo y funciones de los académicos; definición de programas, normas y formas de organización académicas, distribución del presupuesto y de los recursos materiales y dictar las políticas generales de la institución. La concentración de este cúmulo de facultades de decisión en la cúpula, compartidas parcialmente con la burocracia nacional y seccional del SNTE, impide a los trabajadores participar en las resoluciones académico-laborales, exclusión que generará tensiones académicos vs. burocracia a lo largo de la historia de la universidad, que conducen a constantes pugnas institucionales y negociaciones entre los actores, con diversos resultados en cada período (Cfr. Jiménez, 2003).

Paralelamente a estos órganos burocráticos de dirección, la normatividad define tres tipos de organismos colegiados universitarios a nivel cupular: el Consejo Académico (CA), el Consejo Técnico (CT) y la Comisión Académica Dictaminadora (CAD). El CT (colegio interno de autoridades) es una instancia formada exclusivamente por autoridades académicas y el jefe de planeación, cuya función es garantizar la coordinación en la operación de las áreas universitarias. El CA (colegio mixto) es un órgano consultivo y propositivo constituido por representantes de la burocracia, del personal académico y del sector estudiantil (ver cuadro 1), en el que los representantes académicos son minoría (con 21% de los votos), el rector tiene derecho de veto y el secretario de educación tiene la facultad de resolver en última instancia respecto a sus resoluciones.8 La CAD (colegio externo de autoridades), formada únicamente por autoridades de la SEP y UPN, es una instancia centralizada encargada de la selección, ingreso y promoción del personal académico. 9

El nivel intermedio corresponde a las coordinaciones académicas directas (coordinadores de academia, jefes de departamento o directivos de unidad regional) que inicialmente son designadas por la burocracia desde arriba (jefes académicos), con el propósito de dirigir y supervisar el trabajo académico.10 En el nivel de base u operativo (división del trabajo-conocimiento), se ubican las áreas académicas funcionales especializadas (cuadro 2) y, dentro de ellas, las unidades académicas de base (Academias, Departamentos, Unidades), áreas y unidades en las que se adscriben los académicos, cada una con una organización del trabajo y estructura de poder particulares, diseñadas y reguladas por las burocracias de la SEP, la UPN, los gobiernos estatales y el SNTE;11 áreas que en su conjunto forman una estructura de control y organización del trabajo académico, a partir de los objetivos asignados a la universidad mediante un conjunto de normas internas establecidas por estas élites y otras normas externas aplicables,12 conforme a la política educativa del Estado.

Dicha estructura de áreas funcionales disociadas determina una distribución funcional del trabajo académico en la UPN (como en las universidades tradicionales napoleónicas que propician la división funcional del trabajo y la especialización en la docencia o en la investigación), lo que conduce a la estructuración de campos académico-laborales y separados, en los que se realizan determinadas actividades dentro de procesos de trabajo especializados en torno a alguna función universitaria (docencia y diseño curricular, investigación y publicación, difusión y extensión, evaluación e intervención, etc.) y/o disciplina. Cada unidad académica de base se compone de un grupo más o menos estable de profesores, investigadores y/o técnicos académicos, cuyas formas de agrupación se organizan de manera colegiada en algunos casos y de forma individualizada en otros. Sin embargo, cada unidad es también un espacio de participación directa del personal docente en las decisiones sobre su trabajo profesionalizado y es un espacio de poder en disputa entre los académicos desde abajo y la élite burocrática desde arriba, quienes por un lado tratan de ejercer y mantener su control, en nombre de la “libertad de enseñanza e investigación” o, por otro lado, en nombre del “interés público”, de la “política educativa” y de las “razones de Estado”.

Los cimientos de esta estructura universitaria de base son el conjunto de trabajadores académicos distribuidos en el universo de puestos y lugares de trabajo múltiples en los que laboran los académicos (aulas, cubículos, bibliotecas, laboratorios, campos de investigación, hogar, etc.), espacios en los que el trabajador mantiene distintos grados de control, con una gran autonomía en los casos de las áreas de docencia e investigación y con una libertad restringida en las otras áreas y unidades UPN, son estos micro espacios laborales en donde los académicos ejercen su capacidad de decidir en el ejercicio de sus actividades (libertad académica), a pesar de la supervisión vertical, poder dado por el manejo monopólico de su profesión.

La transformación gradualista del modelo híbrido-autoritario

Al estar prácticamente cerrados los espacios de participación en la estructura institucional basada en un modelo híbrido-autoritario excluyente, diversos grupos de trabajo aglutinados en las unidades académicas de base desarrollan una estrategia de “guerra de posiciones” bajo dos ejes articuladores: a) la construcción de una opción sindical democrática y b) la “democratización de la Universidad”, con el objeto de abrir los espacios de poder en la universidad, esto a principios de la década de los ochenta, lo que determinará la dinámica de la construcción de la microdemocracia13 institucional.

Los académicos, desde sus lugares de trabajo y desde sus unidades colectivas académicas de base, originariamente excluidos de la estructura de poder universitaria, unen fuerzas para formar un movimiento académico sindical que busca romper el monopolio del poder de las burocracias gubernamental y sindical, proceso que inicia en 1981 y que pasa por distintos momentos.14 En una especie de oleadas in crecendo, el movimiento asume el control de los espacios de base y avanza hacia el control e influencia sobre los espacios intermedios de poder institucionales, y paralelamente de los espacios sindicales. En principio logra de manera casi natural consolidar por la vía de los hechos formas colegiadas de organización y autogestión a nivel de las unidades académicas de base (colegios académicos de base), es en estos espacios en los que de manera primigenia se expresa la democracia académica, en tanto en ellos se discuten diversos temas (académicos, laborales, sindicales, políticos, profesionales, personales), se toman decisiones colectivas, se asumen posiciones comunes frente a problemas y coyunturas intra y extrauniversitarias. Estos son espacios de ejercicio de la democracia directa construidos por los académicos.

La ofensiva académica “democratizadora” altera las condiciones institucionales de la UPN, provocando la crisis del modelo autoritario-funcional universitario, el que será transformado gradualmente, en medio de una lucha entre actores internos y externos por el control de los espacios de decisión. Así, el modelo original sufre múltiples transformaciones a lo largo de sus veintiséis años de existencia, generados por la intervención de los actores involucrados. Los cambios principales –en un contexto de grandes transformaciones nacionales–, pueden agruparse de la siguiente forma:

1. Constitución de nuevos espacios de intervención, de representación y de negociación:

• Las organizaciones sindicales autónomas de académicos, desde los años ochenta.

• A partir de 1983 se acuerda con la rectoría un nombramiento negociado “desde arriba y desde abajo” de las coordinaciones de academia, en el que los colegios de profesores eligen ternas por votación directa, de las que la rectoría selecciona y nombra al coordinador-a respectivo-a para un período de dos años, con lo que los coordinadores dejan de ser “personal de confianza”, lo que podría denominarse como una democracia acotada o parcial que pervive hasta 1997.

• Se instituye el pleno de coordinadores de las academias del área de Docencia (en 1983), grupo colegiado representativo y permanente dentro del que se establecen negociaciones con la dirección del área, funcionando como contrapeso a la concentración del poder en la dirección del área, que resuelve asuntos académico-laborales (plazas interinas y a concurso, criterios para la distribución de cargas de, asignaciones presupuestales, reformas académicas), el cual es cancelado arbitrariamente por la autoridad en 1996, con el fin de facilitar la gestión unilateral de la dirección.

• A fines de los noventa, por decreto de la rectoría, se aprueba simultáneamente la formación de “proyectos” colectivos de pequeñas dimensiones formados por académicos afines, la elección directa de los representantes de tales grupos académicos (“responsables de proyecto”) aglutinados alrededor de un campo disciplinario, temático o problemático, y la desaparición de la estructura por Academias del área de Docencia y su fragmentación en múltiples proyectos, en un proceso de atomización alentado por la autoridad y aceptado por amplios sectores de la comunidad.

• En el área de Investigación se acuerda por consenso interno una nueva organización colegiada y democrática (en el año 2000), impulsada desde la dirección inicialmente, basada en la constitución de equipos de trabajo (cuerpos académicos) y órganos colegiados intermedios (consejos de investigación y postgrado –no contemplados en el Decreto de creación–), proyecto que no logra consolidarse.

• Espacios intermedios mixtos, representativos tanto de la burocracia como de los académicos (comisiones de estímulos y becas, comisiones académicas permanentes, comisiones amplias de reordenamiento académico, comisiones mixtas de revisión salarial y de condiciones laborales), en los que se da la negociación entre ambos bloques.

• Reuniones nacionales o regionales representativas, consultivas y/o resolutivas, como mecanismo de intercambio, generación de consensos y decisiones institucionales respecto al proyecto universitario, organizadas a lo largo de la historia de la UPN (para la evaluación del sistema de unidades, la redefinición del proyecto académico o la reorganización académico-administrativa de la universidad).

2. Cambios de política y prácticas institucionales que modifican la operación del modelo:

A partir de 1983 el rector en turno nombra, por lo general, a trabajadores académicos en las direcciones de área principales: docencia e investigación, quienes si bien son “representantes de autoridad”, también representan a los grupos de donde provienen (hay que considerar que esos puestos eran ocupados por funcionarios provenientes de fuera de la universidad).

• Desde 1993 la representatividad del Consejo Académico se amplía –después de 15 años de control burocrático–, en un clima de apertura, al sumarse consejeros elegidos libremente por la comunidad académica de la unidad Ajusco y de las unidades regionales, a partir de entonces el CA se convierte en un foro de debate institucional tendiente a reordenar la vida universitaria, al promover distintas iniciativas académicas de largo alcance (como el Proyecto Académico de 1993 o la reorganización académica de 2004).

3. Instauración de nuevos mecanismos de control institucional:

• Espacios intermedios de dominación burocrática (comités de investigación, actualización, evaluación, etc.), designados por la autoridad unilateralmente para mantener el control sobre el trabajo académico, conforme a las políticas institucionales, con escasa o nula representatividad.

• Dependencias administrativas y académicas: Con base en su monopolio del poder institucional, la autoridad crea, modifica o desaparece unilateralmente diversas instancias administrativas {por ej. en 1982 se crea la Dirección de Servicios Jurídicos y la Comisión Interna de Administración y Programación de la UPN (CIDAP o CIA), encargada de supervisar el funcionamiento administrativo de la universidad} y académicas (por ejemplo: Dirección de Intercambio Académico y Servicios a Estudiantes en 1989, modificada en 1999 como Dirección de Intercambio Académico y Relaciones Internacionales).

Esto implica la transferencia de las 68 Unidades UPN estatales a los gobiernos de los estados, incluyendo todos sus recursos, quedando bajo control directo de la Rectoría las 6 Unidades del DF y la del Ajusco, con lo que en principio se desvanece el carácter nacional de la Universidad y se pasa a un estado de dispersión, en el que las unidades tienden a aislarse debido a sus pequeñas dimensiones; específicamente implica la transferencia del 56% de sus recursos económicos a los estados y del 76% de su personal académico, con lo que en el DF se conserva el 24% de la planta académica y el 44% de recursos, lo anterior provoca que de 1992 a 1993 el presupuesto federal asignado a la UPN tenga una reducción del 44.4%.15

Este conjunto de cambios (promovidos por los distintos actores universitarios en lucha por la dirección universitaria y el control del trabajo, entre los que destacan los trabajadores académicos), flexibiliza y reconfigura el modelo universitario inicial, generándose múltiples espacios de decisión verticales, mixtos y horizontales.

Reestructuración y control del trabajo académico

La concentración del poder en la burocracia educativa y sindical en el modelo organizacional original impide a los académicos participar ampliamente en la toma de decisiones universitarias, como ya se ha señalado líneas arriba, exclusión que generará tensiones entre el poder académico y el poder burocrático (Bourdieu, 1984, 1997, 2003) a lo largo de la historia de la universidad (Jiménez, 2003); es en este marco conflictivo en el que se da la reestructuración gradualista del modelo híbrido-autoritario, primero de forma conflictiva (1982-1999) y luego de manera pactada (2002-2007), teniendo como determinantes externas las políticas educativas estatales de corte neoliberal, reestructuración gradual que incide en la configuración de nuevas formas de regulación del trabajo académico, en los siguientes términos:

• La flexibilización del trabajo académico en la UPN adopta distintas modalidades: La instauración del salario flexible a través de la “beca al desempeño académico” a partir de abril de 1990 dirigida por la autoridad y de las becas-estímulo para la carrera académica (estudios de posgrado y obtención de grados), para la dedicación exclusiva a la UPN y para la docencia desde 1994. La contratación provisional (empleo precario) se mantiene en niveles relativamente altos: 24% de los académicos de la unidad central son interinos en 1992, 20% en 2006, entretanto en las unidades periféricas el 54% tenía contrato temporal en 1992; para efectos comparativos, en cuanto al total de académicos en el ámbito nacional, en 1992 había 1388 (51.5%) definitivos, 1237 (46%) interinos y 67 (2.5%) por honorarios. La contratación por jornada parcial es aun más alta al representar el 68% de los académicos en las micro unidades durante 1992 (Fuentes, 1992: 24-25; Jiménez, 1994: 84-85). La polivalencia académica se decreta en 1989 por el CA, a iniciativa de la rectoría y se institucionaliza a través de la conformación, en 2002-2003, de equipos de trabajo multifuncionales o Cuerpos Académicos encargados de realizar las tres funciones antiguamente separadas en el modelo híbrido de 1978: docencia+investigación+difusión. Asimismo, a partir de 2002-2003 se decreta la movilidad intrainstitucional sin restricciones, regulada por los mismos académicos.

• El control de calidad del trabajo académico se da en varios ejes, los cuales constituyen un verdadero sistema de fiscalización y autorregulación: El proceso inicia en 1989 con la autoevaluación institucional y se amplifica en los años siguientes, tendiendo a identificar de forma maniquea a los académicos como los responsables de la “baja eficiencia institucional” y a legitimar diversas medidas eficientistas y unilaterales basadas en parámetros de costo-beneficio (v. gr. crecimiento de la matrícula conforme a la política sexenal sin crecimiento de la planta académica), a partir de indicadores impuestos desde fuera, así como nuevos mecanismos de supervisión (pretensión de digitalizar informes, planes de trabajo y currículum vitae). A lo anterior se debe agregar la fiscalización externa de los indicadores del posgrado por parte del CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología), la supervisión de la productividad académica por parte del PROMEP (Programa de Mejoramiento del Profesorado, instituido por la SEP) y las evaluaciones a los programas educativos por los CIEES (Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior).

• La competencia entre académicos (darwinismo académico), individualista y entre grupos, se estimula por distintas vías: los programas de estímulos desatan una lucha por el control de actividades “contables” dentro de las evaluaciones, suscitando incluso el monopolio de algunas (acaparamiento de programas curriculares, seminarios, comisiones de titulación, asesorías de tesis, puestos de gestión y representación, etc.) (Izquierdo, 2000), la simulación, la corrupción, el nepotismo, el clientelismo, la discriminación, la exclusión, el divisionismo y la atomización como efectos no esperados del rational choice, además de grandes disputas por el control de las comisiones de estímulos (Jiménez, 2003) y de las escalas de puntuación; los recursos escasos destinados a la investigación y la difusión propician competencias por obtenerlos y desencuentros entre los competidores, resultando una mayor estratificación, fragmentación y confrontación entre los académicos (investigadores vs. docentes, docentes de posgrado vs. docentes de licenciatura, comisionados vs. profesores).

• La intensificación del trabajo académico es un resultado esperado de la competencia por los recursos escasos, con el fin último de obtener las más altas puntuaciones en los programas de estímulos, aumentando las cargas de trabajo y el tiempo de trabajo al máximo (los 7 días de la semana), aumentando las cargas de docencia (4 ó 5 grupos, asesorías de tesis y tutorías, evaluación y rediseño curriculares más frecuentes), de investigación (reducción de tiempos de entrega, elaboración de informes), de difusión (preparación de publicaciones, asistencia a más eventos), de gestión y representación (obligatoriedad de actividades de gestión académica o representación), etcétera.

• El culto al utilitarismo por los defensores del modelo educativo tecnocrático y, por consiguiente, a las necesidades del mercado, se traduce en diversas medidas: cierre de carreras poco útiles o marginación de licenciaturas con ‘baja matrícula’ y niveles de eficiencia no deseables (v. gr. sociología de la educación, educación de adultos), evaluaciones y reformas curriculares en función de necesidades del mercado (el Centro Nacional de Evaluación <CENEVAL> certifica conocimientos útiles para el mercado de trabajo), creación de una nueva oferta educacional (licenciatura en intervención educativa) acorde con las necesidades del mercado educativo, reorientando a las plantas académicas de los programas curriculares a adaptarse a los requerimientos del mercado; así como la priorización del conocimiento aplicado a la resolución de problemas en el caso de la investigación (política fomentada por el CONACYT).

• Debilitamiento del poder académico y fortalecimiento del poder burocrático y poderes externos, a través de diversas medidas: cancelación de instancias de decisión colegiadas y representativas (como la anulación arbitraria del Pleno de Coordinadores de Academia en 1997), status descendente de las coordinaciones de licenciatura, creación de nuevos puestos burocráticos (como los directores de Área Académica), la creciente intervención de organismos externos, que desde fuera participan en la regulación del trabajo de los académicos, estimulando a quienes cumplen las metas asignadas desde fuera y castigando y excluyendo a los que las incumplen,16 lo que ha significado para los académicos una pérdida parcial de control sobre su trabajo y la reducción de su capacidad de intervención en la toma de decisiones institucionales.

Formas nuevas de organización del trabajo académico

Después de 25 años de haber sido fundada, la Universidad entra a un proceso de cambios consensuados al iniciar el siglo XXI, configurándose nuevas formas de organización del trabajo académico. En esta perspectiva, distintos sectores de la comunidad académica acuerdan con las autoridades universitarias reformar gradualmente el rígido modelo académico original basado en áreas por función (híbrido-autoritario), como resultado de un pacto institucional que se configura entre los años 2000 y 2003 (con el aval de la tecnocracia de la SEP), instrumentándose como consecuencia una reordenación académica basada en el modelo organizacional empresarial de la calidad total, modificándose parcialmente la estructura de gobierno en el nivel de las direcciones de área académica, sin cambiar el nivel burocrático cupular.

La nueva reforma, bajo el modelo flexible de calidad total, se establece en tres etapas: 1. Creación voluntaria de Cuerpos Académicos (o círculos de calidad). 2. Creación de Agrupamientos Académicos compuestos a su vez por Cuerpos Académicos y una nueva estructura de órganos colegiados representativos de autoridades, académicos y estudiantes, así como la evaluación y reformación de programas curriculares. 3. Redefinición jurídica de la UPN (cambio de estatuto jurídico), lo que implica la desaparición de las áreas de Docencia e Investigación, creándose en su lugar cinco nuevos departamentos académicos (denominados Áreas Académicas) con sus propias estructuras representativas (Consejos Internos de Área), constituidos a su vez por un conjunto de grupos académicos (Cuerpos Académicos) aglutinados alrededor de un objeto de estudio específico, responsables del desarrollo “armónico” de la docencia, la investigación y la difusión del conocimiento en la universidad y al exterior de esta, además de la planeación y gestión institucionales. Asimismo, se planea reformular la normatividad interna y buscar una mayor autonomía para la universidad a través del cambio de estatus jurídico. Así, el nuevo modelo promueve la reagrupación del personal académico, a partir de sus intereses académicos y políticos, en Cuerpos Académicos (CAs) flexibles y polivalentes (grupos de trabajo semiautónomos de 5 a 15 profesores-investigadores), agrupados en Áreas Académicas temáticas (AA) transdisciplinarias, interdisciplinarias o multidisciplinarias.

Los CAs (o círculos de calidad) son grupos de trabajo multifuncionales, formados libremente por los académicos en función de sus afinidades temáticas, que surgen con el propósito de incrementar la productividad del trabajo académico, se aglutinan alrededor de un objeto de estudio aglutinante, son responsables de realizar articuladamente las tareas de docencia, investigación y difusión (separadas en el modelo anterior), e intervienen en la gestión de sus AA; son organismos autorregulados a partir de proyectos colegiados fundacionales propios, con reglas de funcionamiento internas y planes de trabajo idealmente colectivos, y simultáneamente son regulados por instancias universitarias y extrauniversitarias. Estos CAs interactúan parcialmente e intervienen en la regulación de la movilidad horizontal.

Por su parte, las AA son divisiones temáticas que sustituyen a las áreas por función del modelo anterior y absorben a las academias disciplinarias (licenciaturas) o monotemáticas subsistentes, creándose cinco áreas (1. Política educativa, procesos institucionales y gestión. 2. Diversidad e interculturalidad. 3. Procesos de desarrollo, aprendizaje, enseñanza y formación en ciencias, humanidades y artes. 4. Tecnologías de la información, comunicación y modelos educativos alternativos. 5. Teoría pedagógica y formación de profesionales de la educación). Asimismo, la nueva estructura de decisiones académicas se distribuye de manera más horizontal a través de los consejos internos de las áreas (representativos de los cuerpos académicos), sin embargo los directores académicos de las áreas, al surgir de procesos de elección por terna sujetos a la designación última de la rectoría, se colocan en una disyuntiva: ser representantes de los académicos de su área y/o subordinarse incondicionalmente a la misma rectoría en momentos clave o lograr mantener un equilibrio conciliando ambas posturas (las cuales a veces coinciden y a veces se confrontan), lo que ha generado algunos procesos de resistencia ante algunas medidas verticales de control burocrático (v. gr. decisiones verticales relacionadas con la distribución de recursos, la asignación de cargas de trabajo, el control burocrático de asistencia, el tratamiento de los conflictos intrauniversitarios).

En los hechos, la nueva organización del trabajo académico basada en CAs y AA, ha implicado la fragmentación (atomización académica) de la planta académica en múltiples grupos de trabajo que compiten por recursos y reconocimientos (prestigio académico), a lo que se agrega la competencia individual por lograr los más altos niveles en los programas de estímulos al desempeño académico y a la trayectoria universitaria, y la competencia por reconocimientos y estímulos externos. Asimismo, la reorganización ha motivado la reconversión funcional, interdisciplinaria, multidisciplinaria y/o transdisciplinaria del trabajo académico en la nueva estructura, al provocar el tránsito, para muchos académicos, de la docencia a la investigación, de la investigación a la docencia, de la difusión a la docencia, etcétera; de una disciplina a otras; o de una temática a otra. Dicha reforma, a final de cuentas, se ha traducido en una nueva estructura de control y autocontrol del trabajo.

Los cambios generados por la reestructuración educativa basada en el ‘modelo de mercado’, a nivel del sistema educativo y de la UPN en lo particular, han favorecido la conformación de un nuevo tipo de académico en la universidad: racional medios-fines (optimizador), pragmático, individualista, parcialmente flexible y estratificado, polivalente, funcional, productivo, competitivo y, en gran medida, solitario…

Notas y referencias:

1 El campo de la organización académica institucional es una construcción social institucionalizada y generada históricamente por sujetos individuales y sociales concretos, es un campo de lucha en el que intervienen actores internos y externos, entre los que se encuentran los trabajadores académicos y administrativos, los estudiantes y las burocracias (de la UPN, de la SEP y el gobierno federal en su conjunto, de los gobiernos estatales y del SNTE –en todos sus niveles: nacional, seccional, delegacional–, quienes se disputan el dominio sobre los espacios de poder que la componen, a partir de sus intereses, representaciones simbólicas, necesidades, experiencias, proyectos, etc. (De la Garza, 1992; Zemelman, 1996; Bourdieu, 1990) y establecen múltiples formas de relación alrededor de: el trabajo académico, el conocimiento producido-reproducido, el poder universitario, la cultura de los mismos actores {creencias (Clark, 1991), representaciones simbólicas (Moscovici, 1993: 399ss), valores, etc.}, los recursos económico-materiales, etc. Está conformada por un conjunto articulado de espacios de poder institucionalizados (de decisión y control de recursos y personas) y de trabajo-conocimiento, que se encuentra estratificado verticalmente en varios niveles (cupular, intermedio, operativo, lugar de trabajo) y subdividido horizontalmente en diversas áreas funcionales y modalidades universitarias. Niveles y espacios de poder en los que se da la lucha entre los actores por el control –desde arriba y/o desde abajo, desde fuera y/o desde dentro– del escenario universitario (la distribución del presupuesto, la contratación laboral, las modalidades del currículum, la investigación, etcétera.
2 La UPN es un organismo desconcentrado dependiente de la SEP, sin autonomía respecto al Estado mexicano (Cfr. Poder Ejecutivo, 1978).
3 Cfr. Poder Ejecutivo. Decreto que crea la Universidad Pedagógica Nacional. Diario Oficial de la Federación, 29-08-1978, documento fundacional de la institución, en el que se establece el modelo universitario basado en áreas académicas por función.
4 Inicialmente las unidades periféricas de la UPN se forman por unos treinta maestros -la mayoría contratados por horas-, posteriormente tendrán un desarrollo heterogéneo; en 1979 se crean 64 unidades, después se crean 12 unidades más.
5 Si bien algunos autores separan analíticamente el trabajo académico y el conocimiento (su “materia prima” o “producto”), nosotros preferimos verlos como un todo articulado a la manera del trabajo complejo o calificado, al que se refiere Marx en El Capital (capítulo 1, tomo 1), para evitar la cosificación del conocimiento. Ver también: De la Garza, 2000.
6 En el marco del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica, en el que esencialmente se decide descentralizar los sistemas de educación básica y normal, estableciéndose un nuevo pacto interburocrático para operar dichos servicios educativos.
7 Esta estructura académica, organizada con base en formas de dominación típicamente burocráticas, denota la concentración de poder en los niveles más altos, de manera tal que el secretario de educación, además de que nombra a la administración universitaria, tiene la facultad de establecer las “modalidades académicas y de organización” de la institución y su presupuesto, así como resolver en definitiva los diferendos surgidos en el Consejo Académico (arts. 7-8, 11-12 del Decreto que crea la UPN), por su parte la rectoría tiene entre sus atribuciones “dictar las políticas generales” de la universidad, “resolver los conflictos” internos, aprobar programas y normas académicas, “nombrar, promover y remover” al personal académico, administrativo y de confianza, nombrar y remover a los directivos -previa aprobación del secretario del ramo- y administrar los recursos asignados a la UPN (art. 12).
8 La burocracia mantiene el control sobre el CA, no solamente por tener la mayoría y gozar de amplias facultades para decidir, sino porque mantiene el control pleno del proceso electoral bianual para la elección de los consejeros a nivel nacional. Sin embargo en los noventas algunos grupos académicos participan en las elecciones para renovar a los representantes académicos en el Consejo Académico con planillas construidas desde abajo, exigiendo transparencia en el proceso, llegando a ganar dicha representación a partir de 1993. Desde entonces hasta la actualidad los consejeros de la Unidad Ajusco tienden a mantener comunicación con sus representados y a coordinarse con la Delegación sindical, en asuntos relacionados con el trabajo académico (año sabático, estímulos, aprobación de programas y reglamentos académicos, reformas institucionales, etc.), sin que haya dejado de haber desencuentros entre representantes y de estos con los trabajadores.
9 Si bien el decreto de creación de la universidad señala que el ingreso del personal académico a la UPN deberá ser mediante concursos de oposición, organizados por la CAD (designada y reglamentada por el secretario de educación), en los hechos la racionalidad tecnocrática se hace a un lado y las contrataciones iniciales de carácter provisional se dan sin concurso de por medio y por decisión exclusiva de las autoridades, quienes propician la contratación de egresados de universidades en su mayor parte y de egresados de escuelas Normales en menor medida. Llama la atención que en los acuerdos SEP-SNTE del 22 de noviembre de 1978 se ratifica el ingreso por concurso pero se añade que en igualdad de circunstancias se dará preferencia a los normalistas, lo que muestra la fusión de un criterio racional-técnico y uno gremial-corporativo, cada uno defendido por los negociadores de cada fuerza. La CAD es regulada por el ACUERDO 31 expedido por el secretario de educación el 29 de junio de 1979.
10 En el Decreto de creación se establece que “los responsables de coordinar actividades académicas” “serán considerados trabajadores de confianza” (art. 30).
11 La conocida intervención directa e indirecta en la dirección de la UPN por parte de la burocracia del SNTE afiliada a la corriente vanguardia revolucionaria (grupo hegemónico en el sindicato de 1972 a 1989), entre 1978 y 1989, es una muestra fehaciente de la influencia de los intereses políticos de la élite sindical, que logra la creación del sistema de micro unidades estatales en 1979 y diversas posiciones de poder dentro de la institución (directores de área, directivos de Unidades regionales) e influye en las decisiones internas. Por otra parte, los gobiernos estatales influyen en el nombramiento de los directores de Unidad en sus entidades.
12 La vida académica y laboral es regulada durante los primeros cinco años por el decreto presidencial de creación –1978–, el Reglamento de las Condiciones Generales de Trabajo del Personal de la SEP –1946– y la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado; a partir de 1983 aparecen nuevas regulaciones al promulgarse –por la SEP– los reglamentos interiores de trabajo para el sector académico y administrativo, en cuya confección participan los líderes del SNTE, bajo la presión de la comunidad universitaria.
13 En las microdemocracias se pueden combinar mecanismos de la democracia directa y representativa de manera estrecha (asambleas, elección de representantes, referéndum, consultas, iniciativas desde abajo), en un marco de relaciones cara a cara (más o menos intensas <representantes-base o al interior de esta>), dependiendo de las dimensiones, complejidad y extensión espacial de la organización, las microdemocracias, en su dinámica interna, tienden a operar cotidianamente alrededor de la-s asamblea-s (directas y/o representativas), tejiéndose a su alrededor una red de relaciones micropolíticas (entre individuos, fracciones o corrientes, departamentos, profesiones, representantes, etc.) en función de las decisiones a tomar, los intereses de por medio (individuales, grupales y comunitarios), las culturas existentes (académicas, sindicales, laborales), etc. (Cfr. Sartori, 1997, 1999; Michels, 1996; Lipset, 1987).
14 Desde los primeros años de la década de los ochenta diversos grupos académicos crean o se posesionan –por distintas vías– de distintos espacios sindicales (la memorable Sección Nacional de Trabajadores de la UPN, Delegaciones Sindicales del SNTE) y académicos (coordinaciones de Academia o Unidad, jurados en la CAD, Consejo Académico, Direcciones, Secretarías), llegando incluso a ocupar la rectoría en el año 2001.
15 Para 1992, antes de la descentralización, había en total 4353 trabajadores a escala nacional (2692 académicos, 1184 administrativos operarios y 477 empleados de confianza) (Jiménez, 1994).
16 La élite burocrática gubernamental de la SEP crea programas de financiamiento dosificado (dirigidos a los individuos, como reza el credo neoliberal) como el PROMEP, el PIFI (Programa Integral de Fortalecimiento Institucional) y el PIFOP (Programa Integral de Fortalecimiento del Posgrado), para controlar el crecimiento de los programas de licenciatura y posgrado y las actividades de los empleados académicos, por su parte el CONACYT interviene en el seguimiento del desarrollo de los posgrados y la investigación a cargo de los mismos académicos.

Bibliografía

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* Profesor-investigador de la UPN. Tiene una larga trayectoria como estudioso de la institución. Ha publicado libros y artículos en diversas revistas académicas. También ha publicado en esta revista: Breve historia de la educación superior mexicana: cinco siglos de exclusión social, (HECHO EN CASA, núm. 07, agosto, 2011).